Hoy 14 de junio de 2018 ha ocurrido uno de los cambios más trascendentales del mundo de la comunicación. Un tajo que desgarrará definitivamente la forma de transmitir mensajes a un gran público. ¿Y a qué me refiero? Hablo del documental sobre la estrella del Atlético de Madrid, cuyo nombre ya no solo será recordado por sus logros deportivos. Su nombre: Antoine Griezmann.

Mucha gente escuchará la noticia desde su sillón, mientras vea el telediario. Otros podrán enterarse mientras ojeen el periódico, tratando de no mancharlo de café. Sin embargo, detrás de esa simple decisión se encuentra una de las técnicas de comunicación más originales que se haya visto en el mundo del deporte.

Todo empezó cuando al jugador del Atlético se le presentó una oferta del F.C. Barcelona, aprovechando que su cláusula de rescisión disminuía notablemente según su contrato. A Griezmann se le planteó una terrible disyuntiva: seguir luchando en un equipo del que era líder y referente u optar a más títulos en una plantilla de estrellas entre las que sería uno más. Mientras, la prensa hablaba de acuerdos secretos y traiciones que encendieron a la hinchada rojiblanca, poniendo todavía más presión en su decisión.

Era un tren que no iba a volver a pasar, una oportunidad única, cuyas consecuencias marcarían el resto de su carrera como futbolista.

En medio de aquella agobiante presión, capaz de asfixiar al más cínico, Griezmann decidió cambiar las reglas del juego. No daría una respuesta, ni una rueda de prensa en la que se pudiesen tergiversar su palabras… haría un documental.

La idea base de ese proyecto era mezclar una visión íntima, en la que el jugador se mostrase desde dentro, con una campaña de márquetin sin precedentes. Una combinación explosiva que no todo el mundo ha entendido. ¿Por qué se retrasa tanto?, ¿es un egocéntrico?, ¿acaso lo único que le interesa es hacer sufrir a ambas aficiones?

No. Lo que según mi opinión Griezmann ha estado haciendo ha sido cambiar totalmente las reglas del juego, y ganar su propia partida de Fortnite.

¿Por qué? Lo voy a explicar a continuación.

El periodismo deportivo es importante, pero esto ya no trata solo sobre fútbol o baloncesto, estamos hablando de comunicación a nivel global. Tanto en los deportes, como a nivel de celebrities, políticos o influencers.

En los últimos años las redes sociales han llegado a nuestra vida para cambiarla, romper la comunicación tradicional en mil pedazos y crear un nuevo mundo virtual. Los políticos ya no responden en platós, mítines o entrevistas, sino que lanzan sus mensajes por Twitter. Trump es el mejor ejemplo de cómo el político actual huye de los medios tradicionales para impartir su propio mensaje directamente al votante, sin intermediarios como la prensa.

Esta relación directa del “ídolo” de masas con su público se ha encarnado en YoutubeInstagram, que han eliminado cualquier intermediario, creando una relación directa, casi personal, solo que simultánea con los millones de personas que observan, que sienten una conexión íntima, como si les mirase a ellos. Este fenómeno crea los llamados influencers.

Dentro de esa “nueva comunicación”, como podríamos llamarlo, se utiliza muchas veces el arte para crear un personaje de uno mismo con el fin de criticar una realidad difícil por parte del artista. ¿Cómo? Lo intentaré explicar con un ejemplo rápido. El videoclip de Taylor Swift, “Look what you made me do” hace referencia implícita a Kim Kardashian, ¿por qué? Ambas vivían en una disputa mediática en la que Kim hizo parecer a Taylor como una mentirosa embustera, hecho que todo el mundo aceptó como una realidad y que convirtió a la artista estadounidense en una de las más odiadas por la comunidad de celebrities. ¿Y qué hizo Taylor? Hacer un video en el que ella misma utilizaba su propia experiencia para decirle públicamente y a través de la música que aquello era falso y que viese lo que le había obligado a hacer (“Look what you made me do”). Con eso quiero decir que se utilizó el arte para mostrar una visión diferente, más cercana y personal de sí misma.

Algo parecido, pero esta vez sí, relacionado con el deporte, es lo que ha hecho “Antonino” Griezmann. Consciente de que tomase la decisión que tomase la gente le criticaría, creó un documental en el que grabó cada día y experiencia que le motivó a tomar aquella decisión. Al igual que Lebron en su momento, cuando grabó un programa con el que justificar su marcha de los Cleveland Cavaliers, Griezmann ha decidido aprender del fracaso del alero de Akron y bautizarlo “La Decisión”. Sin embargo, lo que el estadounidense utilizó para anunciar su marcha, el francés lo ha empleado para reafirmarse en su equipo. “Mi afición, mi equipo, mi casa”, escribía en Twitter momentos después de la emisión en prime time de su documental. Lo que para Lebron supuso vergüenza y ninguneo, Griezmann lo ha convertido de forma magistral en respaldo y honores. Ha desnudado su conflicto interior para lograr la empatía y así generar una tensión extraordinaria que le aupara como héroe tomase la decisión que tomase.

Se trata de una jugada maestra de márquetin, comunicación y arte, llevada a cabo por una empresa de Gerard Piqué, quien lleva tiempo tratando de lograr esta comunicación deportista-fan desde aquella polémica incursión en “Periscope”.

Esta nueva forma de relación directa y sin intermediarios ha irrumpido en el panorama político-social de nuestra era, rasgando a velocidad frenética las formas precedentes. Habrá gente que lo entienda, otra que aún no es consciente del cambio que ha generado el mundo virtual en cada una de las facetas de nuestra vida. Pero hoy se ha tomado un fortín. Para bien o para mal, la nueva comunicación ha asaltado su último enclave estratégico: el deporte.

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