Mi corazón roto se derretía. Yo trataba de contener la hemorragia taponando con las manos, pero solo lograba manchármelas de tinta, sueños e ilusiones rotas.

La soledad de la noche pesaba a mi alrededor mientras buscaba sin resultado a la persona que se me prometió. Una promesa, un sueño a medianoche… una pesadilla.

Mi vista se comenzaba a nublar, las fuerzas me abandonaban mientras miraba hacia adelante.

Fantasmas aparecían y susurraban sus promesas de felicidad. Sonrisas, chicas, amor que nunca llegó a llegar.

Los nombres de aquellas personas a las que quise tanto, que habían determinado mi vida, aparecían ante mi vista.

Juré cambiar, superar mis sueños no cumplidos, dejar atrás toda aquella frustración infantil, aquellas lágrimas de niño cuya sociedad ideal se cumple sin margen de error.

Aquellos rostros que hubiese acariciado sin cesar, cuerpos a los que abrazarme como a una palmera en un huracán. Todo aquello ya no estaba. Tan solo sus fantasmas, posibilidades, caminos que pudieron tomarse y no se tomaron.

¿Habría fastidiado la oportunidad de conocer al amor de mi vida? ¿Era acaso aquella persona a la que había dejado atrás?

Solo la luna me miraba, ausente, mientras mi desgarrado corazón se desangraba.

Acabé tumbado, sin fuerzas, incapaz de moverme. Sin embargo, no pasaba nada. Cuando pensé que el golpe definitivo caería, nada ocurrió. 

Y entonces descubrí que no estaba vacío. Había un núcleo tan fuerte, tan arraigado a la vida, que no había cedido ante mis frustradas expectativas. Era una confianza explícita en que tarde o temprano llegaría la respuesta.

Encontré de repente las fuerzas para levantarme de nuevo. Los miedos seguían allí: relaciones rotas, caminos separados que siempre poblaban mis más profundas inquietudes. Sin embargo, solo eran eso, fantasmas.

¿Existe el amor?

Mi camino sigue. De frente. Sin mirar atrás.

No tengo miedo de perder mi objetivo porque sé que solo lo encontraré mirando hacia adelante, no hacia los lados.

¿Es tozudez infantil el buscar sin cesar una persona que me haga feliz, o es que acaso eso solo existe en las películas?

He decidido seguir intentándolo. Mi objetivo es firme, por más que mentes realistas traten de iluminarme con sus relaciones superficiales, con sus conformismos etéreos, con sus amores vacíos.

No puedo luchar contra todo y contra todos, y mi mente no encuentra razones para seguir creyendo que habrá alguien tal y como busco. Tan solo lo sé, lo creo. Lo siento.

Y mientras, recorro mi camino sin saber a donde voy. Escribo esto por si alguno quiere acompañarme en mi determinación loca. Por si algún fantasma desea desaparecer ante estas palabras. Porque si la realidad es que el mundo es una mierda, no hay nada más realista que la fe, la confianza férrea de que no estamos solos y de que esta batalla no se va a perder.

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