El 17 de noviembre de 2019 no solo entró un virus en el cuerpo de un hombre de 55 años, sino que comenzó una nueva era marcada por dos tipos de virales: los digitales y los víricos. En las últimas décadas se ha creado progresivamente el hábitat perfecto para su existencia y ahora se propagan a través de teléfonos móviles, estornudos, influencers y manos. El libro de Jorge Carrión adopta la forma de un falso diario para reflejar la relación entre la cultura y lo viral, la ficción y la realidad, y el paso de la antigua ciencia ficción al realismo pandémico. A través de autores como Delia Rodríguez (Memecracia), Henry Jenkins (Convergence culture) y Alessandro Baricco (Los Bárbaros), Jorge Carrión hace una relectura de la realidad poniendo de relieve los agentes invisibles que están transformando nuestra vida cotidiana.

El libro posee una estructura muy particular, ya que se trata de un diario falso y no contiene separación por capítulos ni temáticas. Más bien es una colección de pensamientos heterogéneos de muy diversa índole conectados por un hilo temporal que muchas veces se rompe. La contigüidad cronológica fluctúa entre el discurrir natural de los días y la aparición de flashbacks o retrocesos que enriquecen la argumentación y diluyen el efecto de verosimilitud que nunca tuvo el diario. Más que limitarse a las características de un género, Jorge Carrión enarbola un Yo literario que estructura, mezcla y reinventa propiedades de diferentes orígenes (“el diario es contradicción y contra dicción, un género escrito contra sí mismo”). A través de un vertiginoso vertido de pensamientos, el diario va recorriendo su extensión sin una meta fija, en un avanzar nebuloso que ilustra una vez más la angustia pandémica y la claustrofobia de la quietud. En la estructura voluble e hiperactiva de la obra se refleja de forma metaliteraria el sentir del autor durante la cuarentena. Este sentir empapa tanto el contenido de la obra como su estructura y cronología. Como un cuadro vanguardista, Lo viral rompe la mímesis de un diario corriente y a través de trazos impresionistas, pinta una realidad distorsionada con pincel fino.

Si bien no hay líneas temáticas definidas por capítulos, sí que se perciben una serie de temas recurrentes en la obra. Hay abundantes referencias a artículos del propio autor en el New York Times (tal y como expone en la nota final) y muchos de estos pensamientos intercalados en el libro fueron el germen de posteriores artículos. Pero las referencias no son solo a obras del propio autor, sino que hay también una amplísima lista de series, películas y productos culturales que analiza y divulga, conformando una imponente bibliografía muy útil para adentrarse en los diferentes mundos y temas que presenta a lo largo del libro.

La distorsión del tiempo por los engranajes de la modernidad es un tema recurrente a lo largo del diario. La pandemia ha multiplicado exponencialmente todos los servicios a domicilio y la relación del cliente con el producto también ha cambiado. Como señala Jorge, “¿qué tienen en común el algoritmo de Google, el succionador de clítoris y la venta por internet según Amazon? Que los tres compiten entre sí por acortar el tiempo entre la formulación del deseo y su consecución”. Los plazos y la vida se trastornan, influidos por el aceleramiento de todos los procesos y la carrera por reducir al mínimo las esperas. “La tecnología y el tiempo han creado una nueva fe: la iglesia de la disrupción del tiempo”. De esta forma el mundo se divide, como ya distinguían los griegos, en cronos y kairós; el tiempo de reloj y el tiempo vital. Añade Jorge una cita del sociólogo alemán Hartmut Rosa, de su obra Resonancia, que llama a considerar nuestra relación con el mundo. La reflexión sobre el tiempo se cierra haciendo un llamamiento a detener los engranajes que acortan nuestros plazos continuamente, para encontrar un lapso de tiempo auténtico donde podamos reformular nuestro espacio como individuos.

Otro tema que ocupa varias páginas es la relación de la cultura con Amazon y las grandes empresas de la información. Durante la pandemia se ha disparado la compra de libros, sin embargo, este hecho ha tenido un impacto minoritario en las pequeñas librerías, responsables últimas del tejido cultural y literario. Amazon ha acaparado toda esta demanda, eliminando intermediarios y acortando plazos. La acumulación infinita de datos y la muerte de las librerías es un síntoma también de la desaparición de las barreras entre lo físico y lo digital. La identificación del sujeto con su perfil en redes es tal que está generando “la imposibilidad de separarnos física y espiritualmente de internet”. De la misma forma, la inteligencia artificial, los algoritmos y la aparición de Alexa o Echo “transforman completamente las interacciones entre máquinas y humanos, borrando los límites entre lo físico y lo digital.”

Por último, también trabaja ampliamente sobre la definición de lo viral, en contraposición a lo clásico. Mientras que algo viral se contagia a una velocidad vertiginosa pero queda obsoleto con facilidad, lo clásico, si bien tarda en expandirse, perdura más allá de su creador. Lo viral y lo clásico coinciden en dos aspectos: “todo lo clásico fue en algún momento viral” y ninguno de los dos son “categorías estéticas sino aglutinadoras”. Mientras lo clásico tiende al ideal, lo viral no tiene pudor en mezclar lo bello con lo desagradable.

Comentados sus aspectos más relevantes, se hace evidente que Lo viral de Jorge Carrión es una obra especial, reflejo de un momento único en la historia reciente. Las noticias del avance del virus junto con las reflexiones sobre la cultura digital crean un diálogo muy interesante entre opuestos en continua relación: la realidad y la ficción, lo clásico y lo viral. Sus abundantes referencias a todo tipo de productos culturales y obras, dotan al lector de una perspectiva multidisciplinar para abordar temas de actualidad y avanzar junto a la subjetividad del autor por el túnel del confinamiento.

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